Adoro los momentos contigo. Recuerdo que amanecíamos tan juntos que parecíamos siameses. Los dos, pegados al suelo, aplastados como chicles en sucias aceras; arropados por la suave capa de cinco centímetros de polvo.
Cuando, recostada a tu lado, te oía levantar y cruzar la puerta, solo quería seguirte. Sabiendo que no podía, me imaginaba arrastrándome por la habitación, ocultándome por si volvías tras las trincheras que formaban los cojines dispuestos en el suelo. Pero cuando regresabas, cansada de esperar, ya me había quedado dormida en el campo enemigo. Tú - que muy adentro de las artimañas que componen tu cuerpo, tienes un pequeño corazoncito - me veías tan frágil y vulnerable que me llevabas al otro lado de las trincheras y te recostabas junto a mí. O eso soñaba.
La realidad era bien distinta. Nunca volvías, y a mí no me quedaba otra que dirigir mis ojos al techo y agarrar un hilo invisible que me ayudase a levantar.
Una vez bípeda comenzaba la búsqueda. Te buscaba en los más recónditos lugares; en el claroscuro de mi mente vislumbraba el camino a seguir para encontrarte, y por supuesto, lo tomaba. Unas veces tardaba segundos, otras días, pero siempre te encontraba. Estoy segura de que en lo más hondo de tu mente una neurosis brotaba, y entonces tenías miedo. Miedo de que no te encontrase; y miedo de quedarte solo para siempre. Por eso terminabas saliendo de tu sutil escondrijo, para que yo pudiese volver a tenderme junto a tí.
Porque , aunque te duela, sabes que nuestra existencia se basa en depender el uno del otro.
Soy tu mascota y tú mi dueño. Un dueño que a modo egoísta es el que manda; que queriendo que me vaya bien lejos, deja que me quede; que no puede abandonarme porque la ley lo penaliza, y que, por un asunto etimológico, no puede prescindir de su mascota.
Así que nuestro destino es quedarnos recostados en el suelo y levantarnos solamente cuando me tires la pelota, con la condición de que cuando esté la bola de vuelta, nuestras espaldas
encajen de nuevo. Y aunque me odies, acostúmbrate, resignate; porque las mascotas nunca abandonan a sus dueños.
2 comentarios:
WOW, el texto, increible. Un poco cruel para mi gusto, pero porque lo entiendo como real y verdadero...... las cosas son así muchisimas veces... pero bueno. Ya sé ke la navidad es mentiiiiraaa! un invento del Corte Inglés! xD pero weno, es lo ke hay, y no lo vamos a cambiar me da a mi....
a mi por lo menos me gustan los regalos xDDDD weno, muchos besos y feliz aoñ nuevo y ke lo pases bien!!!
bonito texto si señora, pero deja de seguirme anda :P
xDDDD
q tal muri?
muchos besitos memita menor
Publicar un comentario