Al principio caminabas por una llanura. El ritmo de tus pasos era lento, y al frente veías el horizonte, amplio. Probablemente no recuerdes en qué momento la llanura se convirtió en la incipiente pendiente que comenzaste a descender. Primero fue la curiosidad, lo que te instó, luego la inercia ocupó su lugar, y bajabas de forma inconsciente. La pendiente se agudizó, y tenías que apoyar tu peso en los talones para evitar caer de bruces contra el suelo resbaladizo y salir rodando. Cuando el caminar ya se había convertido en un trote con el que tus rótulas crujían, tú continuaste hasta que la pendiente dejó de serlo, y la verticalidad fue inminente. Quizás pudiste haber frenado justo a tiempo, puede que no. En cualquier caso no lo intentaste y te precipitaste al vacío.
Las ropas levantadas, infladas, y el aire que rasga tus oídos. Estás envuelto en un mareo somnoliento y te gusta. Ahora puedes ver el suelo, cada vez más cerca. Los brazos extendidos, la cabeza pegada al cuello.
Mírate. Anclado en la tierra seca. Tus piernas y el suelo forman un ángulo de 45 grados. Los pulmones llenos de arena.
Puede que sobrevivas, si eres ser halófilo.

BSO: Nice day for an earthquake
Las ropas levantadas, infladas, y el aire que rasga tus oídos. Estás envuelto en un mareo somnoliento y te gusta. Ahora puedes ver el suelo, cada vez más cerca. Los brazos extendidos, la cabeza pegada al cuello.
Mírate. Anclado en la tierra seca. Tus piernas y el suelo forman un ángulo de 45 grados. Los pulmones llenos de arena.
Puede que sobrevivas, si eres ser halófilo.

BSO: Nice day for an earthquake
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