sábado, 23 de mayo de 2009

Fourteen years have passed

...since that day but still nothing have changed.

viernes, 20 de febrero de 2009

Dicen que la luz llega a nuestros ojos medio segundo antes de que nuestra mente sea capaz de percebirla. Que, si realmente es así, vivimos en el pasado.

Siempre lo pensé, que vivía en el pasado, que nunca me había movido de ahí. Ahora lo sé con más seguridad. Justo medio segundo antes de que nada pase.

Siempre lo pensé, que tengo morriña de futuro, que echo de menos cosas que nunca sucedieron. Y que aún así sigo viviendo en el pasado. Unas veces remoto, otras próximo, me temo que siempre imperfecto.

Dicen que si camino por un tiempo, con paso firme, vislumbraré a lo lejos una figura. ¿ Sabes cuando paseas por callejones secretos de tu mente, y de repente, al doblar una esquina, dos, quizás, encuentras una imagen que cuando logras enfocar te hiela por dentro?
Pues esa figura se hará más nítida a medida que te vayas acercando a ella, clara hasta reconocer la marca en el labio, las tres pecas oblicuas en la nariz. Esperando de frente, impasible, con la mirada perdida. De cara al pasado.

Lástima irme medio segundo antes de que pudiese verme.

sábado, 7 de febrero de 2009

No sé si me faltan las palabras o las emociones, pero últimamente me resulta imposible expresar nada.


miércoles, 28 de enero de 2009

Nice day for an earthquake

Al principio caminabas por una llanura. El ritmo de tus pasos era lento, y al frente veías el horizonte, amplio. Probablemente no recuerdes en qué momento la llanura se convirtió en la incipiente pendiente que comenzaste a descender. Primero fue la curiosidad, lo que te instó, luego la inercia ocupó su lugar, y bajabas de forma inconsciente. La pendiente se agudizó, y tenías que apoyar tu peso en los talones para evitar caer de bruces contra el suelo resbaladizo y salir rodando. Cuando el caminar ya se había convertido en un trote con el que tus rótulas crujían, tú continuaste hasta que la pendiente dejó de serlo, y la verticalidad fue inminente. Quizás pudiste haber frenado justo a tiempo, puede que no. En cualquier caso no lo intentaste y te precipitaste al vacío.

Las ropas levantadas, infladas, y el aire que rasga tus oídos. Estás envuelto en un mareo somnoliento y te gusta. Ahora puedes ver el suelo, cada vez más cerca. Los brazos extendidos, la cabeza pegada al cuello.

Mírate. Anclado en la tierra seca. Tus piernas y el suelo forman un ángulo de 45 grados. Los pulmones llenos de arena.

Puede que sobrevivas, si eres ser halófilo.



BSO: Nice day for an earthquake

sábado, 30 de diciembre de 2006

Me bautizaste Tobby





Adoro los momentos contigo. Recuerdo que amanecíamos tan juntos que parecíamos siameses. Los dos, pegados al suelo, aplastados como chicles en sucias aceras; arropados por la suave capa de cinco centímetros de polvo.
Cuando, recostada a tu lado, te oía levantar y cruzar la puerta, solo quería seguirte. Sabiendo que no podía, me imaginaba arrastrándome por la habitación, ocultándome por si volvías tras las trincheras que formaban los cojines dispuestos en el suelo. Pero cuando regresabas, cansada de esperar, ya me había quedado dormida en el campo enemigo. Tú - que muy adentro de las artimañas que componen tu cuerpo, tienes un pequeño corazoncito - me veías tan frágil y vulnerable que me llevabas al otro lado de las trincheras y te recostabas junto a mí. O eso soñaba.

La realidad era bien distinta. Nunca volvías, y a mí no me quedaba otra que dirigir mis ojos al techo y agarrar un hilo invisible que me ayudase a levantar.

Una vez bípeda comenzaba la búsqueda. Te buscaba en los más recónditos lugares; en el claroscuro de mi mente vislumbraba el camino a seguir para encontrarte, y por supuesto, lo tomaba. Unas veces tardaba segundos, otras días, pero siempre te encontraba. Estoy segura de que en lo más hondo de tu mente una neurosis brotaba, y entonces tenías miedo. Miedo de que no te encontrase; y miedo de quedarte solo para siempre. Por eso terminabas saliendo de tu sutil escondrijo, para que yo pudiese volver a tenderme junto a tí.

Porque , aunque te duela, sabes que nuestra existencia se basa en depender el uno del otro.
Soy tu mascota y tú mi dueño. Un dueño que a modo egoísta es el que manda; que queriendo que me vaya bien lejos, deja que me quede; que no puede abandonarme porque la ley lo penaliza, y que, por un asunto etimológico, no puede prescindir de su mascota.

Así que nuestro destino es quedarnos recostados en el suelo y levantarnos solamente cuando me tires la pelota, con la condición de que cuando esté la bola de vuelta, nuestras espaldas
encajen de nuevo. Y aunque me odies, acostúmbrate, resignate; porque las mascotas nunca abandonan a sus dueños.

Culo veo, culo quiero.


Mi primer paso...


Si todos ustedes, mequetrefesdelcarajo, tienen uno ,¿por qué yo no?